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“Pensé que era mi amigo, pero pronto me di cuenta de sus verdaderas intenciones”

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Una adolescente víctima del grooming habla por primera vez para alertar a los jóvenes sobre los peligros que esconde Internet

Amy tenía 12 años cuando Oliver Randall, de 20, se puso en contacto con ella por primera vez a través de un chat.

“Él me preguntó mi edad y empezamos a hablar sobre varios temas, desde música hasta las cosas que nos gustaban y que teníamos en común”, explica Amy. “No mostraba una actitud extraña, y así me demostró que podía confiar en él. Me dijo que tenía 18 años y me gustaba poder hablar con una persona mayor que yo y que me diera consejos”.  Este es el patrón básico que utilizan todos los acosadores en la red, se acercan poco a poco a sus víctimas para ir ganando su confianza y hacerles creer que son sus amigos.

Sin embargo, tal y como cuenta Amy, las cosas se fueron poniendo más serias: “Me asusté porque empezó a hacer referencias sexuales en nuestras conversaciones y eso no me gustó nada. Un día me pidió que le enviara una foto desnuda y yo me negué, entonces empezó a insistirme para que le contara qué experiencias sexuales había tenido con chicos”.  Y así es como estos depredadores consiguen acceder a los datos de sus víctimas. Tras ganarse su confianza, las conversaciones empiezan a subir de tono y muchos jóvenes caen en la trampa y les siguen el juego contándoles cosas privadas, algunos incluso deciden enviar fotos.

“Todo pasó muy rápido. Pensé que era un amigo de confianza, que realmente me escuchaba y le gustaba hablar conmigo, pero todo cambió y pronto me di cuenta de sus verdaderas intenciones”. Fruto de la casualidad o del destino, un error hizo que el acoso on-line pudiera detenerse a tiempo. Un día Amy se equivocó y envió por chat su número de teléfono móvil a Randall en vez de a una amiga. Él aprovechó esa oportunidad para enviarle mensajes con contenido sexual y con amenazas de que si no le pasaba fotos desnuda iría a raptarla a su casa. La madre de Amy vio esos mensajes en el móvil de su hija y en seguida llamó a la policía.

Gracias a la rápida actuación de la madre, Randall pudo ser descubierto y salieron a la luz todas las acciones contra menores que estaba haciendo en Internet. Se le condenó a cuatro años de prisión por acoso sexual a menores en la red, por toma y posesión de fotos indecentes de niños y por practicar actividades sexuales con chicas menores de edad. Según las investigaciones, más de cuarenta chicas de entre 12 y 18 años estuvieron involucradas en el caso.

El ejemplo de Amy nos puede servir para aprender que no podemos fiarnos de nadie que hayamos conocido en un chat o en cualquier red social. Internet esconde muchos peligros para los jóvenes inocentes y confiados que se ponen en contacto cada día con todo tipo de personas y ofrecen datos de su vida privada sin saber realmente con quien están hablando. En este caso el grooming pudo ser evitado a tiempo, pero, por desgracia, no todos los menores corren la misma suerte y se ven metidos en una espiral de acoso sexual on-line de la que es muy difícil salir.

(Declaraciones extraídas de una entrevista concedida a la Policía Local de Dorset, Inglaterra)

Alexandra R. Cifre (En Twitter: @AlexaRCifre)

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